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ResacaPasó un día. Hace 24 horas estaba durmiendo. No plácidamente, solamente dormía como una reacción natural del cuerpo a un día bastante ajetreado.

A medida que dormía avanzó la noche y desperté a las 5:55, en ese momento al ver el reloj solamente pensé en que me quedaba una hora para dormir y de ahí tendría que levantarme para ir a clases. Ignoraba por completo los eventos recientes, hechos de los que me enteraría un par de horas más tarde.

Para contar esta historia hay que comenzar por el martes en la tarde, cuando terminé de leer, salí de mi pieza, tomé una ducha y bajé a comer. Terminado todo lo anterior, tomé mis cosas y me fui al paradero para esperar la micro rumbo a la universidad. En ese instante ignoraba por completo todo lo que sucedería, solamente pensaba en la prueba que estaba por venir.

Llegué, justo a tiempo. Respondí a duras penas, luchando por no distraerme con las moscas en mitad de la prueba o ponerme a solucionar los problemas del universo dentro de mi cabeza. Una vez que salí de la prueba, me senté a revisar un libro mientras mis compañeros iban saliendo de a poco y comentaban sobre lo que acababan de responder.

Pasados unos minutos, llegan Bárbara y Valentina. Me saludan, como de costumbre. A esa hora ya todos habían terminado la prueba y una buena parte ya se había ido. Solamente quedábamos unos pocos afuera de la facultad. Cuando ya quedaba un reducido grupo, Valentina estaba conversando con unos compañeros y de pronto me preguntó: “Diego, ¿vamos a tomar algo?”

Le respondí que sí, que aún me quedaban 2 lucas. Nos despedimos de los que aún quedaban y fuimos todos a la botillería en la esquina de la plaza Perú. El grupo que llegó a la botillería era bastante reducido, pero éramos los suficientes para pasarlo bien aquella tarde. Aparte de mí, iban Valentina y Bárbara, y 2 mechones: Nico y Matías.

Juntamos el dinero y nos pusimos de acuerdo para comprar vino tinto. Una vez realizada la compra, volvimos a los pastos junto a la facultad. Hasta aquí, toda la historia va bien, igual que en algunas ocasiones anteriores cuando de igual forma terminamos junto con otros compañeros compartiendo algún brebaje y conversando junto a la facultad después de un agotador día en la universidad.

Conversamos de muchos temas, de nuestras clases, de fotografía, de música, de tatuajes, de piercings y de todo tema que iba saliendo en el momento. De igual forma la hora fue pasando.

Llegado cierto momento, la Bárbara se fue. Una hora más tarde y con muchas copas más en el cuerpo, también recuerdo que me fui. También recuerdo que llegué zigzagueando a la pensión a la una y media de la mañana. El problema es que no recordaba absolutamente nada de lo que sucedió en el lapso entre que me despedí de mis compañeros en los pastos de la facultad y llegué caminando a la pensión.

Por primera vez no recordaba lo que había sucedido durante las últimas horas. Por primera vez tuve un apagón de tele. Mi primer blackout.

Al día siguiente me levanté, mi cabeza aún daba vueltas y estuve aproximadamente media hora metido en el baño. Vomité. Recordaba claramente que estuve tomando vino, pero en el baño no había indicio alguno de eso. Cuando terminé con todo, salí a esperar la micro, en un par de minutos tendría otra prueba, pero no tan compleja como la del día anterior. Cuando revisé mis bolsillos para sacar mi pase, noté que todas mis tarjetas estaban desordenadas. Tenía 700 pesos en el otro bolsillo y aún no sé por qué.

Cuando llegué a la universidad, antes siquiera de entrar a la sala, pasé directo al baño. Vomité nuevamente. Subí, entré a la sala y me puse a buscar entre mis compañeros al par con el que había estado la noche anterior. Nico llegó atrasado y antes de saludarme, me dijo “¡Me debes ocho lucas! Nunca me habían hecho pasar tanta vergüenza en mi vida”. El profesor entregó las pruebas y yo estaba respondiendo con manos temblorosas y una sensación general de malestar. Una vez que terminé, le pasé a decir a Nico que lo esperaba afuera.

Nuevamente fui al baño a vomitar, maldita resaca. Hacía frío. Una vez que bajó Nico, comenzó a contarme todo lo que había hecho. Me costaba creer, pero así sucedió.

Lo primero que me dijo fue “abre tu mochila”, aún estaba una de las cajas de vino de la noche anterior, a medio vaciar. Luego me contó de todo lo que hice. Me contó que me caí encima de mis compañeros cuando me despedí de ellos, cosa que ya habla del deplorable estado en el que me encontraba cuando me fui. Dijo que después me ofrecí a rajarme con algo para comer en la Fuente Alemana, cosa que no dudo en ningún momento, porque aparte de ser uno de mis lugares favoritos, es algo que ya he hecho sin ninguna gota de alcohol en el cuerpo.

Es ahí, en la Fuente Alemana cuando comienzan los primeros problemas. Obviamente no recuerdo como llegué ahí. Probablemente caminando, pero no tengo ningún recuerdo de ello. Vuelvo a mencionar que parte de mis recuerdos de esa noche se apagan cuando estaba aún con ellos en los pastos junto a la facultad y se vuelven a encender cuando voy llegando a la pensión a la una y media de la mañana.

Nico me dice que entré y pedí 2 churrascos diputado (huevos revueltos + queso caliente) y 2 bebidas. Por lo que me dio a entender, por el estado en que me encontraba, obviamente no acerté nunca a la clave de mi tarjeta y a la señora de la caja le grité “¡Chúpame el pico!” y parece que también a algunas personas que atendían y que se encontraban en el local.

Nico me sacó de ahí, dice que la señora llamó guardias y también que amenazaron con filmarme para tener alguna evidencia. Acto seguido, dice que nos fuimos al Telepizza, que está ubicado a solamente media cuadra.

En el Telepizza no nos querían atender, supongo que por la hora y por el hecho de andar completamente ebrio. Nico me dice que acá se puso a alegar con las personas que nos atendían asegurando que no habrían problemas. Me dijo que tampoco pude pagar con mi tarjeta y les grité a todos “que me chupen el pico”. Era bastante claro el motivo por el cual no nos querían atender.

Una vez que Nico hizo el pedido, me dijo que vomité al lado de la caja. Los que atendían dijeron que no iban a limpiar. Nico tuvo que limpiar. Después que dijo esto último recién me percaté de las salpicaduras que tenía en el pantalón, casi imperceptibles a simple vista.

Nico dijo que cuando le entregaron la pizza, tomé mis cosas y me fui. No me detuvo en ningún momento. Lo dejé solo. A partir de aquí no hay testigos. Solamente recuerdo que pasé por el Kamadi de San Martín, quizás intentando esperar micro, que obviamente no pasaría en ningún momento sino hasta el otro día.

La siguiente hora debo haber caminado hasta llegar a Paicaví y de ahí por esa misma calle entre San Martín y hasta llegar a la pensión. Alrededor de 2-3 kilómetros, totalmente ebrio, la noche de un martes. Recuerdo que el tío de la pensión me llamó al Blackberry preguntando si llegaría esa noche, en ese momento solo estaba a 2 cuadras de la pensión.

Toqué el timbre, saludé a la tía, entré, me saqué las zapatillas, subí a mi pieza, dejé la mochila junto a la cama, me desvestí, me metí en la cama y me debo haber quedado dormido en ese mismo instante. De ahí volvemos al principio de esta historia, cuando desperté a las 5:55, cuando vi la hora y tomé algo de jugo.

Todo esto me deja mucho que pensar. No soy alcohólico, soy un bebedor social que ha quedado ebrio en más de una ocasión, unas pocas borracheras memorables, pero siempre me acordaba de todo. Esta vez no recordaba un par de horas de mi vida. Y justo las horas que no recuerdo son aquellas en las que hice más estupideces. ¿Fue el vino? ¿Me faltó comer? No lo sé, no tomo cerveza, no fumo. La mayor parte del tiempo bebo destilados como ron, vodka, tequila y otros, cuando ha sido con vino, siempre ha sido jote. Quedan muchas interrogantes. Me preocupa mi reacción, lo que dije, lo que hice.

Por suerte no me sucedió nada grave, por suerte no me asaltaron, por suerte no tuve ningún accidente en esas horas que estuve a la deriva por la ciudad. Pero por sobre todo, y vuelvo a reiterar, que me preocupa la reacción estúpida que tuve en ambos locales de comida rápida, porque nunca soy violento, ni siquiera en ocasiones anteriores bajo la influencia del alcohol lo he sido. Ahora sé que insulto gente ebrio. Jamás me lo hubiese imaginado antes.

Solo queda moderarse más, y beber muy poquito. O no beber.

Ahora, solamente a esperar que el tiempo pase, la Fuente Alemana es de mis locales favoritos y yo era un cliente frecuente. Un pequeño receso de un par de meses no le hará mal a nadie, aparte que ya estaba acumulando mucha guata. Hay que salir a trotar un poco y hacer ejercicios abdominales más seguido.

Por último, y si es que alguna de las personas a las cuales insulté estando ebrio en esa noche de locura lee esto, mis más sinceras disculpas por todos los inconvenientes causados.

El viaje a Futaleufú

Eran las cuatro de la tarde del lunes 30 de mayo y salí desde la pensión en dirección a la biblioteca central para retirar mi Tarjeta Nacional Estudiantil. Cuando llegué, me enteré que aún no estaba lista porque ya estuve antes en otra institución de educación superior y por lo tanto me la entregarían junto con los alumnos de cursos superiores en un par de semanas más. Mi tarjeta vencía al día siguiente. Vencida o no, quedé inmediatamente desocupado: clases no tenía porque los alumnos de mi facultad estaban en paro y casi la totalidad de mis compañeros de curso habían viajado hasta sus casas, no había mucho que hacer. Ya que me encontraba en la universidad, decidí ir a visitar mi facultad para enterarme y ver en terreno que tal estaba la situación. Conversé con algunos compañeros de curso que no viajaron y participaban de las asambleas, y me enteré que al paro le quedaban muchos días aún y por eso la gran mayoría optó por viajar. Entre quedarme en Concepción y viajar, opté por esta última alternativa.

Andaba sin mi laptop y ya había salido de la universidad, ir al terminal de buses a comprar pasajes iba a ser una pérdida de tiempo importante, por lo tanto entré al primer cibercafé que encontré y compré mis pasajes para esa misma noche. Mi bus saldría en dos horas más. Llegué justo a tiempo a la pensión para terminar de ordenar mi mochila, tomar once y salir rápidamente hacia el terminal. Lo bueno de este viaje es que por primera vez había logrado comprar pasaje en el primer asiento del segundo piso del bus, algo que siempre había querido pero jamás me había resultado. Viajar ahí fue una experiencia genial, pero no se la recomiendo a quienes deben realizar el trayecto Concepción-Cabrero de noche. Fue una noche de mucha neblina, lluvia y poca visibilidad en el camino, pero aún así llegué aproximadamente a las siete de la mañana a Puerto Montt.

Después de toda una noche de viaje, me bajé de un bus y me subí a otro mucho más chico, con destino a Fresia, la ciudad en la que vivo. En una hora y media ya estaba en mi casa y estuve conversando durante la mañana con mi nana de toda la vida, le ayudé a preparar el almuerzo y esperé a que mi mamá llegara de su trabajo para almorzar. Luego, más tarde, llegó mi hermano pequeño del colegio y en la noche llegó el vuelo de mi papá, que andaba en Santiago en algunas reuniones. Llamó cuando llegó al aeropuerto y en un par de horas ya estaba en la casa. Esa noche dormí tranquilo en mi cama, la cama que siempre extraño, me encuentre donde me encuentre.

Me levanté el miércoles primero de junio y llamé a mi hermana, con intenciones de visitarla, todo estaba bien y solamente debía conversar con mis padres contándoles de mi viaje. Después de explicarles la situación, accedieron a que vaya a visitarla. Terminé de almorzar y comencé una vez más a ordenar mi ropa y algunas cosas más en mi mochila. Esta vez era un viaje mucho más largo, esta vez era un viaje por mar y tierra hasta la Patagonia misma. Esta vez era un viaje genial.

A las cinco de la tarde de ese mismo día ya estaba en el terminal marítimo de Puerto Montt, la barcaza zarpaba a las siete. Primero fui a la oficina de Naviera Austral a retirar mi pasaje y luego salí a comprar unas cuantas cosas para sobrevivir en el camino. Ahí me despedí de mi papá que me fue a dejar. Mientras esperaba en la sala de embarque había gente mirando una película, por otro lado gente conversando y unos cuantos por ahí ya estaban durmiendo en los sillones. Se acercaba la hora de embarcarse y fui a entregar mi equipaje. Como a las seis y cuarto nos llamaron para chequear pasajes y luego abordar el bus que nos llevaría a través del puerto hasta la barcaza. Bajé del bus e inmediatamente subí a la “Mailen”, me acomodé en una butaca, dejé ordenadas mis cosas y salí a cubierta un momento a mirar mientras subían y acomodaban los últimos camiones. El reloj marcó las siete de la tarde y lentamente comenzó a alejarse la “Mailen” de la bahía de Puerto Montt, luego se vio la ciudad cada vez más chiquita, luego solamente las luces, luego la oscuridad total en medio del mar. A esa distancia uno puede apreciar claramente la contaminación lumínica de una ciudad como Puerto Montt. Ahí queda claro porque no siempre pueden verse las estrellas y solamente se ven las más brillantes.

Una vez alejados de la costa, con frío y de noche, se venía una misión difícil: Dormir. En cierto momento se prendió un monitor y comenzó una película, de esta forma pasarían las horas un poco más rápido. La primera película que exhibieron fue “S.W.A.T.” y todo iba bien, una típica historia con harta acción entremedio. Pero la segunda película fue un poco más complicada, por suerte no pusieron “The Perfect Storm” (La Tormenta Perfecta), pero fue una similar, que deja con los pelos de punta a cualquier persona en su casa. Ahora imaginen que íbamos navegando y trataba sobre la guardia costera, todo bien, el problema es que igual uno se inquieta con la cantidad de accidentes marítimos y rescates que aparecen. La película que vimos fue “The Guardian”. Al terminar la película, la inquietud se notaba en la cara de algunas personas. Ya pasado todo esto de la película, la barcaza hizo una parada en Ayacara y ahí se bajó una buena parte de la gente que iba a bordo. Con unas cuantas personas menos el espacio seguía siendo pequeño, dormir era complicado, pero igual alcancé a dormir algunas horas doblado sobre mi mochila. Desperté a las 6, cuando estaban haciendo las maniobras para atracar en el embarcadero de Chaitén, habíamos llegado a destino y había completado la primera parte del trayecto.

Yo tenía que ir hasta Futaleufú, y según averigüé antes de viajar solamente tenía que tomar un bus desde Chaitén que salía prácticamente a diario después de que llega la barcaza y estaría allá en un par de horas. Así, por las cosas de la vida llegué un jueves a Chaitén. Ahí mismo, apenas estuve en tierra firme me enteré que el jueves es el único día en que el bus no sale desde Chaitén a Futaleufú. Después conversé con un caballero que venía en la barcaza y me contó que una chica que venía en la barcaza (también estudiante de Periodismo) justo se había ido en un camión que pasó por ahí e iba hasta Futaleufú. Primer fail del día: Estaba botado en Chaitén a las seis y media de la mañana. A esa hora aún estaba completamente oscuro, por lo tanto esperé que aclarara un poco el día para bajar a Chaitén. En esa completa oscuridad solamente escuchaba el ruido de pajaritos por todos lados y veía las maniobras que hacían en la barcaza preparándose para salir en algunas horas hacia Puerto Montt. Como a las ocho ya estaba lo suficientemente claro como para caminar hasta Chaitén y me puse a buscar un lugar donde tomar desayuno. No había nada abierto. Llamé a mi hermana y le pregunté si sabía de alguno, fui según las indicaciones que me dio y llegué a un local que se llamaba “La Roca”, por el lado de atrás había n hombre picando leña y me dijo que me atendían inmediatamente. Segundo fail del día: Luego de esperar un poco me dijeron que no me podrían atender porque no tenían pan a esa hora. Seguí buscando y me encontré con un viejito bien maltraído, pero que me dio indicaciones de donde habían otros lugares, en el siguiente lugar al que fui, estaba la puerta abierta pero no atendió nadie y en un tercer local, que estaba ubicado al lado del Hotel Schilling frente a la costanera de Chaitén por fin me atendieron.

Aquí llegué con un caballero de apellido Quezada, con el que estuve haciendo hora. Él trabajaba en el Lago Yelcho y su empresa no había enviado aún una camioneta a buscarlo. Cuando entré al local, me senté en un sillón que estaba al fondo casi junto a la estufa. Descansando un poco, revisando y asegurando mis cosas apareció un viejito a hacer fuego. El viejito ponía astillas en la estufa, amuñaba papeles y rompía algunos trozos de cartón, aunque por su estado, no sabía si primero se romperían sus dedos o los cartones que tenía entre las manos, se veía que le costaba bastante. Alguien de ahí le ayudó y finalmente logró hacer fuego y se quedó sentado junto a la estufa. Por fin tomé desayuno, a eso de las nueve de la mañana. Cuando terminé, me paré y fui al baño. El problema estuvo a la hora de salir, ya que la manilla de adentro estaba quebrada y no había como agarrar la puerta para poder abrirla. Después de varios minutos, muchos intentos, forcejeo y un corte en el dedo logré salir del maldito baño. Tercer fail del día: Quedarme encerrado en un baño en Chaitén. Pagué el desayuno, tomé nuevamente todas mis cosas y salí hacia la costanera. Estuve tomando algunas fotografías y se veía aún la gigantesca fumarola del Volcán Chaitén, no estaba para nada de tranquilo y todo lo que emanaba se mezclaba con las nubes.

Pasados unos minutos nuevamente me llamó mi hermana, me dijo que un vehículo iba a dejar una colega suya al aeródromo Santa Bárbara me pasaría a buscar y que en ese podría llegar finalmente a Futaleufú. Pasados unos minutos me pasaron a buscar a la costanera,subí mis cosas a la camioneta y nos fuimos rumbo al aeródromo. Llegamos en unos minutos. En el tiempo que estuve ahí despegaron tres avionetas y aterrizó una. Están solamente a unos minutos de Puerto Montt por vía aérea, que es el modo más rápido de transporte que tienen ahí. Finalmente, en la avioneta que estaba esperando la persona que fueron a dejar llegó otra que estábamos esperando para volver y partimos rumbo hacia Futaleufú.

Hasta cierta parte el camino está pavimentado, pero de ahí lo están pavimentando y el camino está complicado con tanto desvío que hay. Por eso se ven casi puros vehículos todo terreno en esa zona. El camino, un camino bien peligroso para los que no conocen, pero el chofer con el que iba lo había recorrido tantas veces que igual nomas iba a toda velocidad. Los paisajes que se ven por ahí son hermosos, dan ganas de parar cada tres minutos a fotografiar todo. Los lagos, los ríos, las montañas, la vegetación, flora y fauna de esa zona hacen un llamado a que uno pare, a respirar el aire puro que uno tanto extraña en la ciudad.

A medida que avanzábamos iban apareciendo distintos paisajes de aguas cristalinas, llegado cierto punto vi un letrero que anunciaba que Coyhaique estaba solamente a unos cientos de kilómetros por ese mismo camino. Ahí recién vine a dimensionar donde realmente me había metido, que estaba en el principio del fin del mundo. Después de un par de horas y bordeando el río Futaleufú llegamos a ese pueblo chiquito a orillas de la montaña.

Llamé a mi hermana, por fin había llegado y la iba a ver después de un par de meses. Nos juntamos frente a la capilla y nos fuimos a su cabaña, almorcé y ella volvió a su trabajo. Mientras tanto yo salí a recorrer el pueblo. En menos de una hora ya lo había recorrido completo, me encantó la Laguna Espejo y el que todavía la gente se salude en la calle, que la gente deje sus portones abiertos y las bicicletas afuera sin temer de que se las roben. Había una tranquilidad increíble, de esa que ya no queda por todos lados. Fui a buscar a mi hermana a su trabajo, compramos algunas cosas para la once y estuvimos conversando hasta tarde. El primer día había finalizado bien después de tanto viaje.

El día siguiente era especial, era viernes y todos esperamos los viernes estemos donde estemos. Para ella, el viernes es el día que se despide del trabajo hasta el lunes y puede relajarse de tanta presión vivida en la semana. Ese día me levanté un poco tarde, el día después del viaje para llegar. Al almuerzo preparamos unos ravioles rellenos de ricotta con pesto que quedaron espectaculares. Después nuevamente se fue a su trabajo y yo nuevamente salí a recorrer Futaleufú, tomé unas cuantas fotografías más.

Cuando se acercaba la hora de salida de su trabajo salí a buscarla y cuando iba llegando escuché a lo lejos unos gritos de “¡Vecino! ¡Vecino!”, al principio pensé que le gritaban a otra persona, ya que aparte de mi hermana y sus compañeras de trabajo no conocía a nadie más ahí. Pero me di vuelta y miré bien, y el que gritaba desde la otra cuadra era un vecino mío, alguien que vive casi en frente de mi casa en Fresia. Curiosamente andaba trabajando por allá. Uno se encuentra gente conocida aunque esté en el más recóndito lugar del planeta. Fui a saludarlo y estuvimos conversando un rato.

Finalmente, después de haberme encontrado con el vecino, mi hermana salió de la reunión en la que andaba y nuevamente estaba libre hasta el lunes. Pasamos a comprar una piña para el carrete de la noche y pasamos a comer milanesas para la once. Comer milanesas es un ritual para mi, las he probado por todo Argentina y por todo Chile, y las de Futaleufú se ganaron un buen lugar en mi ranking, debe ser porque están solamente a unos minutos de Argentina y mezclan lo mejor de ambos paises.

Allá oscurece bien temprano y el agua fría deja las manos rojas de tan helada que es, uno puede atravesar la calle casi sin mirar, no hay estación de bencina, pero vi 2 Hummer H3 y también una especie de Night Club donde según me contaban, dicen que atienden unas negras colombianas. Llegó la hora de salir y fuimos a comprar, a pesar de ser una ciudad muy pequeña me sorprendió la variedad de alcohol existente en el pueblo. Prácticamente en todos lados tenían cerveza Corona, RedBull, Absolut y una variedad impresionante de cervezas artesanales, extranjeras y licores. Pienso que debe ser por la variedad de turistas que pasan por ahí. Al menos tengo claro que si vuelvo a carretear por allá, variedad hay de sobra.

En el primer carrete que estuvimos tomamos un Absolut Pears, que es uno de los que más me gusta (después del Absolut Raspberri). Aunque ese pequeño carrete, en realidad fue como la previa, donde una colega de mi hermana que tenía un perro llamado “Tofi” y que era bastante hiperactivo. Cuando salimos de ahí fuimos a comprar, para llegar al siguiente carrete y me encontré con la primera curiosidad, ya que con lo que compramos nos dieron una botella de hielo. Osea, cuando llegamos al segundo carrete, tuvimos que abrir la botella y picar el hielo para poder ponerlo en nuestros vasos. Entretenido picar hielo al estilo antiguo. En este segundo carrete había más gente, y lo pasamos excelente. Pura buena onda que duró lo que dura la noche. Terminado esto, volvimos a la cabaña ya que al día siguiente teníamos un buen desafío por delante.

Amaneció el sábado y hacía un frío impresionante, por lo que nos quedamos hasta tarde en la cama. Igual a esto contribuía la resaca por lo celebrado la noche anterior. Antes de levantarnos nos llamó mi papá contando lo que había sucedido con el volcán Puyehue. Originalmente yo iba a volver por Argentina en bus, pero luego decidí volver en barcaza nuevamente, al menos por ese lado me salvé, ya que sino hubiese tenido que reprogramar toda la vuelta de mi viaje ya que debido a la erupción del Volcán Puyehue habían cerrado la aduana en Cardenal Samoré por acumulación de ceniza en el camino. Una vez que nos levantamos preparamos el almuerzo, metí lo necesario en la mochila, documentos y salimos a buscar las bicicletas. La meta del día era llegar hasta Argentina en bicicleta y lo logramos, después de un par de horas y mucho pedalear. Igual, creo que hemos hecho una de las salidas más cortas del país que tengan registradas en la aduana, porque pasamos y volvimos al rato. El camino era genial, tenía hartas curvas y bajadas geniales, que cuando uno iba a toda velocidad se sentía ese viento frío que hacía lagrimear los ojos. Cuando pasamos de vuelta por la aduana nos contaron que San Carlos de Bariloche estaba cubierto de ceniza, la cosa se veía fea. Nos recordaba bastante lo sucedido con el Volcán Chaitén en el 2008. Seguimos con nuestro trayecto de vuelta en bici. Terminado todo esto y sacadas las fotos correspondientes volvimos a la cabaña y ordené mis cosas. Ya había llegado mi última noche ahí y al día siguiente debía partir temprano. El bus saldría a las seis de la mañana.

Me levanté como a las cinco a.m. y tomé desayuno, guardé las últimas cosas, me despedí de mi hermana y salí. Oficialmente comenzaba el trayecto de vuelta a casa. En el bus dormí, prácticamente hasta que llegamos a Chaitén, aparte, a esa hora aún no aclaraba, no se veía mucho y llovía. Recién cuando llegamos a Chaitén estaba claro. En el bus nuevamente venía mi vecino, también se iba a Fresia. Estuvimos ahí como a las diez de la mañana y la barcaza salía recién a la una de la tarde. Dejé mis cosas por ahí y nuevamente salí a recorrer  para tomar unas cuantas fotografías más. A eso de las once y media de la mañana nos avisaron desde la barcaza que ya podíamos embarcarnos, fui a dejar mi equipaje y me acomodé en una fila de butacas de la “Don Baldo”.

El viaje de regreso estuvo genial, porque fue de día. Al menos en esta ocasión estaba nublado, pero en un día soleado debe ser un viaje espectacular. Pasamos junto a muchas montañas, caletas e islas. A medida que nos acercábamos al Seno de Reloncaví ya se podían divisar los volcanes Calbuco y Osorno, y a un costado se veía la gigantesca columna de ceniza del Volcán Puyehue. Nuevamente oscureció y por fin desembarcamos como a las ocho de la tarde en el puerto. Mi viaje había llegado a su fin y al día siguiente debía viajar a Concepción. Me pasé la mitad del viaje en cubierta sacando fotos, estaba un poco cansado. Pero lo comido y lo bailado…

Finalmente salí del terminal marítimo, mis viejos estaban esperándome en el auto. Nos fuimos y pasamos por Llanquihue para ver la tormenta eléctrica. Llegué a mi casa, tomé once y me metí en mi cama. Terminó uno de esos viajes que no se olvidan jamás.

Cigarros Viceroy

Hace unos minutos viví una situación un tanto extraña, quizás mi primera situación extraña en Concepción.

El día estuvo bien, comencé con una visita a los estudios de TVU en la universidad, luego clases de alfabetización digital, colación, introducción a la epistemología, narración y listo, otro lunes más que se daba por finalizado, otro día más en que volvía a la pensión después de la U.

Aunque todo cambió un poco al momento de tomar la micro, ya que no tomé la habitual, sino una que hace casi el mismo recorrido y me deja en el mismo paradero de siempre. De partida la micro iba prácticamente vacía, algo bastante raro a esa hora en que casi todos salen del trabajo o la universidad y hace que pasen todas las micros llenas. El conductor me saludó amablemente siendo que pagué tarifa estudiante: Primera cosa rara del día, quedan pocos choferes que saludan a los estudiantes. Me fui a sentar atrás y luego del primer paradero en que se bajó alguien por la puerta trasera noté que esta estaba mala y se quedaba abierta un poco más de lo normal. Alguien justo se bajó un paradero antes del que debía bajarme y en esos pocos minutos pasó lo ‘raro’.

Ya con la puerta trasera abierta y a punto de llegar, me paré para tocar el timbre y antes que pudiese oprimir aquel botón la micro frenó en seco, me agarré como pude. Con esa puerta abierta, yo peligraba de salir volando. Las micros acá no tienen muchos problemas con los tacos ya que cuentan con vías exclusivas, pero justo hoy había una que estaba en panne, justo antes del paradero. La micro en que iba le hizo la vuelta y me dejó en el paradero, todo esto sin cerrar en algún instante la puerta trasera. Me bajé, estuve mirando unos minutos mientras esperaba que cambiara el semáforo a verde y cuando cambió ya habían llevado la micro que estaba provocando el taco al paradero, había una moto de carabineros escoltando todo el proceso y estaban atándola a una grúa para llevársela.

Lo que viene ahora es la parte rara, ya que en menos de 30 segundos tenía un cigarro en la mano, siendo que soy asmático y no fumo.

Estaba por cruzar en avenida Paicaví, una de las arterias más transitadas de Concepción, hay que esperar unos minutos para que el semáforo se detenga y yo observé las maniobras con la micro parada mientras esperaba, por fin cambió a luz verde y no había cruzado ni la mitad de la calle y en menos de 5 segundos estaba en medio de la calle, con cara de WTF! y un cigarro prendido entre mis dedos.

Todo sucedió muy rápido. Iba cruzando y de pronto apareció una chica que venía corriendo, se detuvo en frente mío y me dijo “oye, oye querís cigarro” y antes que pudiera reaccionar, ya me había puesto el cigarro entre los dedos y siguió corriendo. Llegué al otro extremo de la calle y seguí caminando, miré un poco el cigarro prendido que tenía entre mis dedos, no había llegado ni siquiera a la mitad. Era un Viceroy. Lo apagué y lo tiré a un basurero más allá.

Y así es como en menos de 5 segundos quedé pasado a cigarro casi sin saber por qué.

[Foto tomada del Flickr de The_Coca_Cola_Polar_Bear]

El cielo un día de sol...

El verano, ese que tan rápido quería que pasara, pasó ¡Y pasó volando! Pasó todo tan rápido, que incluso el Festival y mi primer mes de clases pasaron volando también.

Esto ya comenzó y no se detendrá, todo sucede a una velocidad vertiginosa, pero ya comencé en esto y no quiero parar.

Aunque este año, las despedidas antes de irme a Viña del Mar tuvieron algunos elementos distintos; Como por ejemplo una de alguien a quien quizás logre ver hasta semana santa: mi hermana, que se fue a trabajar a la CSM (acá Futaleufú) o de mi hermano chico, que no quiso ir a Viña este año.

El Festival Internacional de la Canción de Viña del (acá El Festival) de este año anduvo bien. Como cada año, sucedieron muchas cosas: el clásico reencuentro con amigos que veo solamente ahí; Momentos inolvidables que van archivándose año tras año, para recordar en años posteriores. Los infaltables buenos carretes, chascarros, elección de reinas, votaciones, coronaciones, conferencias de prensa, entrevistas, notas, transmisiones y fotos. Muchas fotos.

Después del festival, llegué a mi casa a ordenar todo aquello que estaba tirado por ahí. Y también a llenar mi mochila y unas cuantas maletas. Una vez más ordené todo para irme y comenzar un nuevo año académico.

Como muchas veces mencioné, ahora estudio Periodismo en la Universidad de Concepción.

Concepción es una ciudad al principio no me gustaba mucho, pero de a poco he podido ir acostumbrándome, he conocido buenos compañeros, buenos amigos, con los que resulta todo esto más agradable.

Llegué a una pensión que esta nueva, pero aún sigo siendo el único estudiante; (Quedan 13 habitaciones), me tratan muy bien y con la comida prácticamente no he tenido problemas.

En la Universidad ha resultado todo bien –a excepción de unos cuantos detalles ya solucionados- y espero que este sea un año realmente provechoso, así quiero que sea y así será.

Mientras tanto: A seguir batallando cada día para lograr lo que quiero (y a dejar de gastar D:)

Aún no me entregan la credencial universitaria ni el pase escolar, aún no les entrego el pagaré.

Aun queda mucho, por aprender y disfrutar…

[Foto: Tomada de mi Flickr]

Primera Parte: Lista

Ha pasado bastante tiempo desde la última vez que escribí aquí, si no fuese por unos pocos días sería un mes. En ese ‘mes’ pasó la navidad y me llegaron regalos muy especiales, de gente que me conoce muy bien como para acertar con cada uno, en los días anteriores a esto cumplimos con nuestra campaña navideña y logramos que unas cuarenta familias puedan disfrutar de una cena la noche de navidad. Pasó año nuevo y despedimos un año más. Días después, de a poco fueron aparecieron mis amigos por la casa, que a estas alturas siguen repartidos por Chile debido a sus estudios y trabajos. Hubo algunas salidas, algunas reuniones, muchas cosas. Y durante ese mes de a poco fueron pasando también cada unas de las cosas por las que en cierto modo estaba un poco nervioso (y se notaba claramente en algunas entradas). La primera de ellas: Los resultados, esos que tanto estuve esperando para saber que tal mi rendimiento. A la medianoche de aquel día llegaron, y a decir verdad no fueron gran cosa (de acuerdo a lo que yo esperaba), solamente obtuve 2 puntos más en la prueba que me interesaba. Con eso, me alcanzaba para postular a una buena parte de las universidades del país pero no a la que tenía como primera opción en mi mente (El NEM me jodió, again). Luego vinieron las postulaciones. Estaba tan seguro de lo que quería, que iba a hacer postulación kamikaze (Seleccionar solamente una opción), pero -como cualquier cosa podía suceder- coloqué una segunda opción como respaldo, a la misma carrera en otra universidad de la misma ciudad.

Hace unos pocos días aparecieron los resultados, y quedé seleccionado en lo que quería: Periodismo en la Universidad de Concepción.

Me fui a matricular el día viernes y me gustó mucho esa universidad, tiene un entorno que me gustó. Al menos no está tan ‘separada’ de la ciudad como me sucedía en Valdivia. Después de unos años volví a reencontrarme con la ciudad de Concepción (Un poco más “terremoteada”, claramente) y con un lugar al que tendré que hacerle el quite de todas las formas posibles durante el año si es que no quiero terminar más redondo: La Fuente Alemana, lugar donde se puede disfrutar de los mejores completos y lomitos…

Hoy solamente me faltan 2 cosas para terminar con todo esto, con una terminaré hoy enviando por la tarde unos documentos que faltaban y, me falta buscar arriendo. Sí, lo más importante: Un lugar donde quedarme durante el año académico. Esto último debo tenerlo listo a más tardar los últimos días de enero, sino será muy difícil encontrar un buen lugar.

El verano no ha estado tan aburrido como pensaba, el calor no me ha matado.

Pasará volando.

[Foto: Tomada del Flickr de Chachino]

¡Verano Termínate!

Los días siguen pasando. Hoy comenzó el verano. Aunque aún no comienza el ‘verdadero’ verano, ese verano que asociamos a vacaciones, y ya quiero que se termine. Curiosamente y al igual que hace exactamente 2 años atrás quiero entrar a clases. Hemos tenido días soleados acá en el sur. Por suerte el calor no ha sido tan jodido como aquel cuando alguna vez anduve en Asunción (Paraguay) y el termómetro marcaba cerca de 45° C y ojalá nunca se de esa clase de temperaturas por acá. A la gente del sur un poco de sol ya nos da el suficiente calor como para que moleste y estos días ha molestado bastante. El que me encanta y odio a la vez es el que denomino “Sol de Invierno” porque está despejado y no hay una sola nube, pero el frío llega a pelar. Toda la vida hemos estado acostumbrados al frío, especialmente ese de los jodidos inviernos y sus temperaturas bajo cero. Dejando de lado todo el tema climático, sigo ansioso, aunque sé que cada vez queda menos tiempo para que liberen los resultados de la PSU. ¡Quiero postular ya! He seguido levantándome tarde, especialmente el domingo, ya que había que ‘reponerse’ un poco de viernes y sábado (¡y martes!). Ha sido un panorama ‘normal’. Curiosamente no he visto mucho a mis amigos este año, pero aún siguen repartidos por Chile.

A medida que los eventos van pasando, la gente también se va y ayer fui a dejar a mi abuelita a Puerto Varas, donde tomó bus a Valdivia. Aunque ya no vivo con ella, cada vez me da una pena tremenda el despedirme, no sé si será la última vez que puedo hacerlo. Espero que se vaya en mucho tiempo más.

Ayer después que me despedí, recorrí Puerto Varas un poco. Es una ciudad que me gusta pero siento que aún le falta en muchos aspectos. Entré a una feria navideña y compré algunos turrones artesanales, luego entré a una chocolatería y compré unos chocolates muy ricos, y finalmente pasé a otro lugar por un jugo. Esa ciudad tiene de todo lo que me gusta, aunque no siempre le guste a mi bolsillo. Me gustaría más que se pareciera a San Carlos de Bariloche en cuanto a variedad, o quizás a Pucón, pero así como van las cosas creo que es el camino que seguirá. Me gusta caminar bastante.

Ayer, todos andaban expectantes por el eclipse. En lugar de despertarme a cada rato y muerto de sueño preferí quedarme despierto, la Luna estaba genial, de a poco se iba ennegreciendo. Aunque de pronto se ennegreció algo más que el cielo. Al igual que con el eclipse total de sol que hubo hace un tiempo atrás, tuve la mala suerte de que aparecieran nubes. Jodí con el eclipse y tuve que acostarme.

Hoy conocí a mi nuevo sobrino. Hoy sigo esperando los resultados.

¡Vacaciones Termínense Pronto!

[Foto: Tomada del Flickr de Maykoll]

La Graduación

El mundo sigue avanzando, las cosas siguen sucediendo. Siguen los días sin clases de aquí hasta marzo. Ayer viernes me tenía que levantar temprano: Nuevamente me quedé dormido. Terminé de arreglar mis cosas y tomé un bus rumbo a Llanquihue. Algunas veces son muchas casualidades en mi vida, muchas otras veces no miro la hora para coincidir con los buses ya que ando relajado y con tiempo, pero esta vez llegué y justo había un bus esperando para salir a Osorno, sin más tiempo que perder tomé mi mochila, mi bolso y mi terno y subí a este otro bus para llegar finalmente a mi destino. Después de un tranquilo viaje llegué al departamento de mi hermana antes del almuerzo, le ayudé a prepararlo y fui a buscar a mi abuela al paradero. Lo que me gusta del departamento de mi hermana, es que en el lugar que me bajo queda solamente a unas dos cuadras de ahí. Cuando por fin llegué con mi abuela al departamento almorzamos, y después llegaron mis viejos (que solamente pasaron a saludar y de ahí se fueron al centro) y mi cuñado. Cuando finalmente llegaron mis padres al departamento, mi papá tenía una sonrisa bastante notoria. Por fin había encontrado esa corbata de color verde que tanto había buscado. Todos se iban arreglando y de a poco la hora del evento que nos convocaba se iba acercando -Sí, a lo que estaba invitado era a la graduación de mi hermana- Mi hermana se fue una hora antes que nosotros, tenía que ajustar algunos detalles con sus compañeras. Cuando llegó nuestra hora, nos fuimos a la Universidad en que estudió, nos dirigimos al auditórium y mientras arreglaban algunos detalles, unos minutos después comenzó la ceremonia. Hubo muchos discursos, de todos los tipos. Algunos emocionaron bastante al público asistente, otros tenían  notorios tintes políticos (Por ejemplo, uno incluyendo la primera estrofa de la canción final de la Cantata de Santa María de Iquique, de Luis Advis y otras consignas), luego vinieron los diplomas, los recuerdos, los regalos, las fotos y las despedidas. Apenas terminó la ceremonia, mis padres y mi abuela tuvieron que volver raudamente a la casa, ya que mi hermano también se licenciaba, pero de octavo básico. Lo de él era distinto, una cena en que les entregaban diplomas y todo eso, luego tenían fiesta. Por lo que me cuentan hoy, lo pasaron muy bien.

Cuando salimos del auditórium estuvimos conversando con algunas amigas de mi hermana y luego tomamos el transporte en que nos llevaron al Club Alemán de Osorno para el intento de cóctel, y quizás es la única “tragedia” de toda la jornada.

Cuando llegamos, subimos por sus escaleras hasta llegar a un salón amplio arriba. Sonaba esa música ambiental que tanto odio mientras esperábamos que llegue el resto de los invitados, por lo visto fuimos el primer grupo en llegar. A esa hora había un taco horrible en el centro de Osorno, ya que habían cortado una calle adyacente a la plaza porque estaban realizando un evento con motos. A pesar de todo eso, de a poco fue llegando la gente y finalmente comenzó todo. Comenzaba a divisar los primeros garzones y llegado el momento tomé un Mango Sour desde la primera bandeja que estuvo a mi alcance, luego un crudo tamaño canapé y paremos de contar. En cierto modo, ahí se terminó la felicidad. No voy a decir que iba a puro comer ahí, pero ya he estado las suficientes veces en otros eventos similares como para sospechar que algo andaba mal. Los garzones no aparecían, demoraban bastante. En algún momento pensamos que algo sucedía ya que no aparecían más cosas en el lugar donde estábamos y tan errados no estábamos. Si hay que culpar a alguien, puedo culpar a los garzones, ya que un buen equipo de garzones puede atender un salón de tal modo que lo cubra completamente con su servicio. Con el equipo que trabaja –o al menos estaba ese día- en el Club Alemán de Osorno sucedía todo lo contrario. Con los minutos pudimos notar que pasaban solamente en la entrada, daban unas vueltas por ahí mismo y de ahí se devolvían en dirección a la cocina. Vuelvo a reiterar que a nosotros no nos interesaba mucho el cóctel, pero igual nos dio lata por el resto de la gente que estuvo junto a nosotros, los que invitaron a sus familiares y amigos. El de ayer, puedo decir que fue el peor cóctel en el que he estado en mi vida. Con una atención tan mala, que decidimos irnos. Sin perder más tiempo –pues había que celebrar- nos fuimos, directo al departamento. Puedo acotar como dato irrelevante que por primera vez un Mango Sour –con el estómago vacío- me dejó un poco mareado, pero son detalles irrelevantes de la vida. Algo que se pudo solucionar apenas llegué. Ya una vez de vuelta en el departamento, nos cambiamos de ropa, ya no necesitábamos vestir formales. Fuimos a la cocina y comenzamos a preparar nuestra propia celebración, de lo que sería un excelente carrete de despedida. Comenzaron a llegar las amigas de mi hermana y de un momento a otro ya éramos alrededor de 20 personas en el living del departamento. Todos conversaban y reían de forma amena mientras sonaba Chico Trujillo y otros grupos más de fondo. Fue una excelente previa –Sí, luego nos fuimos a otro lado- y –como vengo mencionando hace mucho tiempo- nuevamente sucedieron cosas. En este caso, puedo contar una que me sucedió. Estoy mal acostumbrado quizás, pero casi siempre confío en que las botellas de licor tienen medidor y me pidieron que sirva Vodka, la cosa es que confiado, tomé la botella, la abrí, la elevé y en lugar de caer un fino chorro, salió a raudales y dejé todo mojado en ese lado. Pero como decía, son cosas que pasan. A medida que la hora avanzaba, los trencitos se terminaban y las provisiones alcohólicas se iban secando, iba llegando la hora de salir. Cuando ya estuvimos listos, salimos y un buen grupo se despidió de nosotros, los restantes fueron desapareciendo de a poco, en el camino. Quedamos de acuerdo en una dirección para juntarnos en el centro y fuimos a tomar colectivo. Me fui con una amiga bien buena onda –La Cata-, y luego de unos minutos llegamos al lugar acordado, no divisamos a nadie. Pensamos que ya habían entrado al local y fuimos allá, había mucha gente, pero nadie de los que buscábamos. Luego de dar unas vueltas por ahí y cuando ya íbamos a llamarlos aparecieron todos y finalmente nos fuimos. El lugar elegido en esta ocasión fue uno que se llama TroBar, música en vivo, buena atención, buena ambientación y muy buen ambiente. Cuando llegamos, se estaba presentando un dúo que era de Temuco. Tocaron varias personas esa noche y el repertorio incluyó de todo: Los Jaivas, Quilapayún, Inti-Illimani, Sol y Lluvia, Schwencke y Nilo, Los Tres, Los Prisioneros, Illapu, Víctor Jara, Silvio Rodríguez y muchos más. Cantamos, mucho. En este local, la Cata era mi partner alcohólica y todos los tragos los pedíamos para dos, con 2 bombillas. Pasaron muchos por ahí, mojitos y otros más. Tomamos muchas fotos, bailamos, hicimos show –Como todo buen carrete- Estuvo muy bueno, estuvo agradable. De a poco la gente se fue yendo. Cuando ya decidimos que era la hora de partir, pagamos, tomamos nuestras cosas y salimos. A esa hora de la madrugada ya hacía frío y después de caminar un buen rato llegamos a un local que parece que llamaba “Nini” o algo así. Con la Cata fuimos a buscar una mesa mientras los chicos compraban los clásicos completos para el bajón madrugador. Parece que era el único local abierto a esa hora, ya que había una fila inmensa. Todos en Osorno querían bajonear. Llegamos adentro y juntamos 2 mesas, a cada rato pasaba una tía del lugar, la tía le quitaba la cerveza a los demás ebrios que iban llegando y en un momento agarré pal’ webeo a la tía. La tía era buena onda. Llegaron los chicos con los completos y por fin nos pusimos a comer, seguimos conversando. Salimos, caminamos un poco más y tomamos colectivo de vuelta a la casa. Nos acostamos, la única jodida era la Cata, los demás no teníamos que entrar a trabajar a las 10 am. Recuerdo que cuando íbamos llegando, ya se veían los primeros rayos del sol. Caí muerto en mi cama. Lo único raro, es que hoy desperté con un aro en la mano. Ni idea de quién sería. Hoy desperté con la boca seca, mi hermana cortó una piña y a los minutos apareció con un jugo. No había nada mejor que ese jugo de piña en ese instante, se los recomiendo para sus próximas noches de carrete, el jugo de piña los ayudará a recuperarse cuando despierten. De ahí ordenamos el departamento y salimos una feria cercana a comprar las cosas para el almuerzo, almorzamos y de ahí seguimos ordenando. Ordenamos una buena parte de la tarde, de ahí nos vinimos a la casa. Ahora tengo que ver que comer, mientras escribí esto, abajo en el patio están preparando un asado de cordero, justamente el tipo de carne que no consumo. Espero que se vuelvan a repetir carretes buenos como ese en este verano, ese era un carrete distinto, era un carrete de despedida. Mi hermana se despidió de Osorno ahí. Espero despedirme así de alguna ciudad alguna vez…

[Foto: Tomada del Flickr de Ryan Brenizer]

Mejor es Avanzar

Quizás últimamente he estado escribiendo sobre lo que me pasa a diario, quizás últimamente me han pasado cosas que pasan solamente unas pocas veces. Hoy no me ha sucedido nada de eso. Hoy solamente es el día después de del Carrete Post-PSU y quizás el primer día sin hacer nada. Sí, sé que debo buscar trabajo. Aunque sigo ansioso, necesito saber el rendimiento que tuve en la prueba de Historia. Hoy, como día “normal” ayudé a hacer el almuerzo –cosa que me gusta bastante- e hicimos Porotos Granados. Puede que la recomendación venga de cerca, pero quedaron muy buenos. Tanto así, que se acabaron pronto, y había hecho bastante. Uno de mis proyectos a futuro es estudiar Gastronomía Internacional, pero a partir del momento en que comience con eso, quedaré redondo: El placer de la comida me gana. Un día normal puede tomar muchas variaciones o algunas veces simplemente no se puede hacer nada.

Hoy, aparte de cocinar, también lavé el auto, le pasé la aspiradora y lo limpié bien por dentro. Cada vez que hago eso, termino sacando vidrios pequeños. En este año ya se han reventado al menos tres vidrios, incluyendo el trasero y los laterales. Algunas veces después de limpiar termino con el inhalador en la mano -Sí, soy asmático- por suerte hoy era un día húmedo y tuve mejor suerte que las veces anteriores.

Hoy, mi viejo fue a buscar 2 corderos. A decir verdad, nunca he estado contento con lo de los corderos, en mi casa les encanta comer, pero yo dejé de comerlo hace muchos años. Algún día me entenderán. También dejé de comer pescados, mariscos y algunas cosas más.

Mañana me gustaría dormir mucho, pero no. Mañana es la ceremonia de graduación de mi hermana, también debo ir a buscar a mi abuelita, debo ir a un cóctel y luego quedarme en Osorno. Se vienen muchas cosas más, queda la campaña de Navidad y actividades en el verano. Queda postular y matricularme en la U en Enero, queda entrar a clases en marzo. Quedan 5-6 años para que termine de estudiar, me titule y quizás siga estudiando. Queda mucho. Mejor avanzar y ser feliz mientras se avanza.

[Foto: Tomada del Flickr de Caro Vargas]

 

Otro día más


Llegué a mi casa hace un par de horas. Entre ayer y hoy sucedieron muchas cosas, por suerte nada malo.

Ayer el día comenzó relajado, me levanté, tomé desayuno, viajé y luego di la PSU de matemáticas por la mañana –en la que me fue normalito- y es ahí, cuando termina esta prueba donde comienza una serie de sucesos que darían para una rutina digna de Coco Legrand. Al salir de la sala, subí a buscar 3 amigos y bajamos al centro, teníamos 3 horas hasta la siguiente prueba. Uno de ellos, andaba “verde” por tomar cerveza, tanto así que entró al supermercado más cercano y se compró un six-pack de latas que se tomó en la costanera. Cuando terminó con eso aún nos quedaba una prueba, la de historia. Nos quedaba una hora, el tipo estaba mareado y obviamente no podía dar la prueba así, primero se compró unas sopaipillas en un carrito por ahí y luego se le ocurrió subir hasta la sede del preuniversitario, habló con la directora y terminó tomándose unos cafés en una oficina pequeña. Después de eso, quedó un poco más lúcido como para rendir esa prueba. Nos fuimos nuevamente al liceo, pero en el camino se me perdió de un momento a otro, pasó a meterse a un café con piernas, cuando lo encontré tuve que sacarlo de una y tuvimos que irnos pronto ya que nos quedaban 10 minutos. La prueba, a decir verdad, la encontré fácil y respondí una buena parte, mejor dicho la respondí completa. Esta vez estuve muy seguro de todo lo que respondí ahí, mi puntaje será mucho mejor que la vez anterior. Faltaron preguntas sobre diversos temas que me hubiese gustado que estuvieran ahí, como la Revolución francesa, las cruzadas o algunos como tipos de vegetación y guerras mundiales (más en profundidad). Cuando terminó esta otra prueba pasaron algunas cosas más, fuimos a dejar a una amiga a su casa y en el camino el Esteban pasó nuevamente a comprar cerveza, se la fue tomando, tuvo que esconderla en su chaqueta cuando pasamos juntos a los carabineros y molestó a mucha gente de las formas más increíbles, luego molestó a unos flaites que andaban con un arco de bicicleta nuevo, pasó a preguntar por el precio de unas motos y a la vuelta encontramos un ratón colgando de la ventana del Colegio San Javier. Finalmente pasó a comprar una última cerveza, se despidió y fue tomándosela, en la micro camino a su casa.

Aquí comienza la otra parte del día, esa que quizás duró hasta hoy. Dejamos las pruebas atrás y estando ya podíamos estar realmente relajados. Luego de despedirme de Esteban me devolví al mall y me junté ahí con algunos compañeros del Preu, con los que nos fuimos a un carrete en la parcela de una amiga, un carrete de despedida, de algunos personajes que quizás no vuelva a ver en mi vida.

Como ya he mencionado quizás muchas veces, sucedieron cosas, y mientras mis amigos compraban en el súper y yo cuidaba los bolsos en la entrada, vi a alguien, alguien de quien no tenía idea desde hace mucho tiempo. No puedo negarlo, mi corazón dio un salto, y por algún malévolo motivo me alegré de comprobar que estaba más gorda. Esta vez, la única vez que la he vuelto a ver desde que terminamos solamente la vi pasar y descubrí algo, espero no volver a verla.

Ya con todo lo que necesitábamos comprado, nos fuimos, 30 minutos en bus y 20 caminando para finalmente llegar. Ordenamos, armamos la carpa y salimos a buscar leña para hacer una gran fogata. A falta de leña seca, lo único que teníamos a mano era un hacha mal afilada y con ella derribamos unos cuantos árboles pequeños con los que  nuestra fogata resultó. Cuando terminamos de ordenar todo y por fin nos sentamos junto a ella, mis amigos comenzaron a tomar y por ende, comenzaron a pasar muchas cosas. Yo comencé después que ellos ya que no consumo cerveza. Primero, vi una estrella fugaz y mis acompañantes estaban tan ebrios que ninguno me creyó, luego se pusieron a cantar canciones de grupos que no conocía, pero eran graciosas, se pusieron a correr en mitad de la noche y de la nada y de tanto en tanto quedaban tirados en alguna parte del trayecto. Cuando estaban más ebrios, comenzaron a recordar desilusiones amorosas y todo eso, en esa parte me fui a acostar. Cuando creí que todo iba bien, escuché gritos y era uno de aquellos sucesos clásicos de ebrios, un amigo se orinó en una esquina de la carpa. Por suerte era grande, para 10 personas, lo echamos con su saco y ese rato igual me salí, ya estaba amaneciendo. Cuando desperté mi cabeza aún daba vueltas, tenía una marca en el dedo -ya que una amiga me lo mordió- y mi brazo estaba lleno de pequeñas ronchas rojas, ahí recordé que soy alérgico al pasto. Llegó la hora de almuerzo, me despedí de todos y bajé caminando, tomé una micro y llegué al terminal, pasé a comprar una bebida antes de subirme al bus, moría de sed. Llegué a mi casa con $55 CLP en el bolsillo. No había nadie y al rato me llamaron, mi hermana obtuvo un 7 en su examen de Grado. Es excelente, se preparó mucho para eso. Ahora solamente queda esperar los resultados de la prueba, quiero saber cómo me fue en historia ¡A-HO-RA!

[Foto: Tomada del Flickr de Lucas Janin]

Primer Día

Hoy di la primera prueba, la de Lenguaje.

Hoy, una de las pocas veces en el año en que tomé desayuno antes de salir de la casa. Cada bus que pasó y que podía tomar iba lleno y me fui de pie todo el trayecto. Llegué temprano a Puerto Montt y pasé a tomar desayuno (Sí, nuevamente) al lugar de siempre. Llegué al local de rendición (Liceo Isidora Zegers de Huneeus) con un café en la mano y unos minutos de anticipación. Justo en la entrada me encontré con ese amigo que mencioné ayer, estuvimos conversando un rato y me enteré que el tipo ahora tiene una hija y lleva su nombre tatuado en el antebrazo. En el liceo también me encontré con muchos conocidos camino a la sala, inclusive uno que fue mi compañero en la Austral, en Valdivia. Por lo visto, este año no soy el único que da la PSU por segunda vez…

Cuando llegó la hora y comenzaron a llamar a los alumnos para entrar a la sala, salió un pelado que era igual a Mr. Strickland de Back to the Future, pero mucho más buena onda y hasta un poco chistoso. Cuando estábamos todos en la sala, lo vi cruzar hasta la mitad y poner un diminuto reloj despertador sobre el pizarrón, era ridículo ver todo eso, pero seguimos normalmente. Todo iba bien, hasta que pasados unos minutos sentimos el ruido de una avioneta y pasó como algo normal, pero luego sentimos otra y luego otra, y otra y así sucesivamente hasta que la prueba terminó, espero que no suceda algo así mañana que más encima son dos pruebas.

En la de hoy, omití unas cuantas y hubo unas preguntas que no pude deducir del todo, espero no haberme equivocado.

Mañana tengo la de Matemáticas, que es en lo que peor me va y luego Historia que en lo que mejor voy siempre. Ojalá esta vez con la de Historia me vaya mejor, la vez anterior me faltaron unas pocas para responder la prueba completa bien. Mañana también hay un carrete con mis compañeros de Preu. Mañana suceden muchas cosas.

Espero no quedarme dormido.

[Foto:  Tomada del Flickr de JeffreyNathaniel]

 

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