Pasó un día. Hace 24 horas estaba durmiendo. No plácidamente, solamente dormía como una reacción natural del cuerpo a un día bastante ajetreado.
A medida que dormía avanzó la noche y desperté a las 5:55, en ese momento al ver el reloj solamente pensé en que me quedaba una hora para dormir y de ahí tendría que levantarme para ir a clases. Ignoraba por completo los eventos recientes, hechos de los que me enteraría un par de horas más tarde.
Para contar esta historia hay que comenzar por el martes en la tarde, cuando terminé de leer, salí de mi pieza, tomé una ducha y bajé a comer. Terminado todo lo anterior, tomé mis cosas y me fui al paradero para esperar la micro rumbo a la universidad. En ese instante ignoraba por completo todo lo que sucedería, solamente pensaba en la prueba que estaba por venir.
Llegué, justo a tiempo. Respondí a duras penas, luchando por no distraerme con las moscas en mitad de la prueba o ponerme a solucionar los problemas del universo dentro de mi cabeza. Una vez que salí de la prueba, me senté a revisar un libro mientras mis compañeros iban saliendo de a poco y comentaban sobre lo que acababan de responder.
Pasados unos minutos, llegan Bárbara y Valentina. Me saludan, como de costumbre. A esa hora ya todos habían terminado la prueba y una buena parte ya se había ido. Solamente quedábamos unos pocos afuera de la facultad. Cuando ya quedaba un reducido grupo, Valentina estaba conversando con unos compañeros y de pronto me preguntó: “Diego, ¿vamos a tomar algo?”
Le respondí que sí, que aún me quedaban 2 lucas. Nos despedimos de los que aún quedaban y fuimos todos a la botillería en la esquina de la plaza Perú. El grupo que llegó a la botillería era bastante reducido, pero éramos los suficientes para pasarlo bien aquella tarde. Aparte de mí, iban Valentina y Bárbara, y 2 mechones: Nico y Matías.
Juntamos el dinero y nos pusimos de acuerdo para comprar vino tinto. Una vez realizada la compra, volvimos a los pastos junto a la facultad. Hasta aquí, toda la historia va bien, igual que en algunas ocasiones anteriores cuando de igual forma terminamos junto con otros compañeros compartiendo algún brebaje y conversando junto a la facultad después de un agotador día en la universidad.
Conversamos de muchos temas, de nuestras clases, de fotografía, de música, de tatuajes, de piercings y de todo tema que iba saliendo en el momento. De igual forma la hora fue pasando.
Llegado cierto momento, la Bárbara se fue. Una hora más tarde y con muchas copas más en el cuerpo, también recuerdo que me fui. También recuerdo que llegué zigzagueando a la pensión a la una y media de la mañana. El problema es que no recordaba absolutamente nada de lo que sucedió en el lapso entre que me despedí de mis compañeros en los pastos de la facultad y llegué caminando a la pensión.
Por primera vez no recordaba lo que había sucedido durante las últimas horas. Por primera vez tuve un apagón de tele. Mi primer blackout.
Al día siguiente me levanté, mi cabeza aún daba vueltas y estuve aproximadamente media hora metido en el baño. Vomité. Recordaba claramente que estuve tomando vino, pero en el baño no había indicio alguno de eso. Cuando terminé con todo, salí a esperar la micro, en un par de minutos tendría otra prueba, pero no tan compleja como la del día anterior. Cuando revisé mis bolsillos para sacar mi pase, noté que todas mis tarjetas estaban desordenadas. Tenía 700 pesos en el otro bolsillo y aún no sé por qué.
Cuando llegué a la universidad, antes siquiera de entrar a la sala, pasé directo al baño. Vomité nuevamente. Subí, entré a la sala y me puse a buscar entre mis compañeros al par con el que había estado la noche anterior. Nico llegó atrasado y antes de saludarme, me dijo “¡Me debes ocho lucas! Nunca me habían hecho pasar tanta vergüenza en mi vida”. El profesor entregó las pruebas y yo estaba respondiendo con manos temblorosas y una sensación general de malestar. Una vez que terminé, le pasé a decir a Nico que lo esperaba afuera.
Nuevamente fui al baño a vomitar, maldita resaca. Hacía frío. Una vez que bajó Nico, comenzó a contarme todo lo que había hecho. Me costaba creer, pero así sucedió.
Lo primero que me dijo fue “abre tu mochila”, aún estaba una de las cajas de vino de la noche anterior, a medio vaciar. Luego me contó de todo lo que hice. Me contó que me caí encima de mis compañeros cuando me despedí de ellos, cosa que ya habla del deplorable estado en el que me encontraba cuando me fui. Dijo que después me ofrecí a rajarme con algo para comer en la Fuente Alemana, cosa que no dudo en ningún momento, porque aparte de ser uno de mis lugares favoritos, es algo que ya he hecho sin ninguna gota de alcohol en el cuerpo.
Es ahí, en la Fuente Alemana cuando comienzan los primeros problemas. Obviamente no recuerdo como llegué ahí. Probablemente caminando, pero no tengo ningún recuerdo de ello. Vuelvo a mencionar que parte de mis recuerdos de esa noche se apagan cuando estaba aún con ellos en los pastos junto a la facultad y se vuelven a encender cuando voy llegando a la pensión a la una y media de la mañana.
Nico me dice que entré y pedí 2 churrascos diputado (huevos revueltos + queso caliente) y 2 bebidas. Por lo que me dio a entender, por el estado en que me encontraba, obviamente no acerté nunca a la clave de mi tarjeta y a la señora de la caja le grité “¡Chúpame el pico!” y parece que también a algunas personas que atendían y que se encontraban en el local.
Nico me sacó de ahí, dice que la señora llamó guardias y también que amenazaron con filmarme para tener alguna evidencia. Acto seguido, dice que nos fuimos al Telepizza, que está ubicado a solamente media cuadra.
En el Telepizza no nos querían atender, supongo que por la hora y por el hecho de andar completamente ebrio. Nico me dice que acá se puso a alegar con las personas que nos atendían asegurando que no habrían problemas. Me dijo que tampoco pude pagar con mi tarjeta y les grité a todos “que me chupen el pico”. Era bastante claro el motivo por el cual no nos querían atender.
Una vez que Nico hizo el pedido, me dijo que vomité al lado de la caja. Los que atendían dijeron que no iban a limpiar. Nico tuvo que limpiar. Después que dijo esto último recién me percaté de las salpicaduras que tenía en el pantalón, casi imperceptibles a simple vista.
Nico dijo que cuando le entregaron la pizza, tomé mis cosas y me fui. No me detuvo en ningún momento. Lo dejé solo. A partir de aquí no hay testigos. Solamente recuerdo que pasé por el Kamadi de San Martín, quizás intentando esperar micro, que obviamente no pasaría en ningún momento sino hasta el otro día.
La siguiente hora debo haber caminado hasta llegar a Paicaví y de ahí por esa misma calle entre San Martín y hasta llegar a la pensión. Alrededor de 2-3 kilómetros, totalmente ebrio, la noche de un martes. Recuerdo que el tío de la pensión me llamó al Blackberry preguntando si llegaría esa noche, en ese momento solo estaba a 2 cuadras de la pensión.
Toqué el timbre, saludé a la tía, entré, me saqué las zapatillas, subí a mi pieza, dejé la mochila junto a la cama, me desvestí, me metí en la cama y me debo haber quedado dormido en ese mismo instante. De ahí volvemos al principio de esta historia, cuando desperté a las 5:55, cuando vi la hora y tomé algo de jugo.
Todo esto me deja mucho que pensar. No soy alcohólico, soy un bebedor social que ha quedado ebrio en más de una ocasión, unas pocas borracheras memorables, pero siempre me acordaba de todo. Esta vez no recordaba un par de horas de mi vida. Y justo las horas que no recuerdo son aquellas en las que hice más estupideces. ¿Fue el vino? ¿Me faltó comer? No lo sé, no tomo cerveza, no fumo. La mayor parte del tiempo bebo destilados como ron, vodka, tequila y otros, cuando ha sido con vino, siempre ha sido jote. Quedan muchas interrogantes. Me preocupa mi reacción, lo que dije, lo que hice.
Por suerte no me sucedió nada grave, por suerte no me asaltaron, por suerte no tuve ningún accidente en esas horas que estuve a la deriva por la ciudad. Pero por sobre todo, y vuelvo a reiterar, que me preocupa la reacción estúpida que tuve en ambos locales de comida rápida, porque nunca soy violento, ni siquiera en ocasiones anteriores bajo la influencia del alcohol lo he sido. Ahora sé que insulto gente ebrio. Jamás me lo hubiese imaginado antes.
Solo queda moderarse más, y beber muy poquito. O no beber.
Ahora, solamente a esperar que el tiempo pase, la Fuente Alemana es de mis locales favoritos y yo era un cliente frecuente. Un pequeño receso de un par de meses no le hará mal a nadie, aparte que ya estaba acumulando mucha guata. Hay que salir a trotar un poco y hacer ejercicios abdominales más seguido.
Por último, y si es que alguna de las personas a las cuales insulté estando ebrio en esa noche de locura lee esto, mis más sinceras disculpas por todos los inconvenientes causados.
















